jueves, 2 de junio de 2016

Catorce meses

Mi pequeña tiene 14 meses de vida extrauterina. Para el tiempo adulto podría ser poco pero en las personas recién llegadas, la trasformación es total. Sin lugar a dudas, los primeros meses de vida son los de mayor aprendizaje. Yoli, como todo ser humano, ha pasado por diversos momentos pero evidentemente hay rasgos de comportamiento que la definen. Es una ni
ña observadora. Si algo o alguien atrapa su atención lo escudriña hasta descubrir cómo funciona o cómo reacciona, parece que intenta ver las intenciones detrás de las acciones. Los analiza a profundidad. Y actúa solo después de que está segura de lo que va a encontrar, aunque esta actitud no disminuye su espíritu explorador. A los adultos en general, los observa sin pestañear siquiera. No les sonríe ni les hace caras, en ese sentido, no es complaciente. Si no le generan simpatía, simplemente no recibirán respuesta alguna. No importa cuanto le hablen o que tan dulces sean. La mayoría termina diciendo “qué niña tan seria”. Yo creo que es una niña observadora y cauta. Dueña de sí, no sonríe por complacer, no lo hace si algo en el exterior no le parece gracioso. Quizá como resultado de su capacidad para observar, Yoli va directo a los detalles. Puede ocupar gran tiempo manipulando cosas que para los demás carecen de importancia o, simplemente, pasan desapercibidos. Un gran cojín es cosa mundana, el hilo que por alguna razón no está en su lugar, es el que llama su atención y al que dedica toda su fuerza exploradora. ¿De dónde viene?, ¿Por qué esta fuera de lugar?, ¿Habrá manera de colocarlo nuevamente donde estaba?; son algunas de las preguntas que parece hacerse. Quizá por ese rasgo de su personalidad, desarrollo la habilidad de usar sus manos y dedos con soltura. La famosa pinza la aplica para casi todo lo que hace. 
Los niños de su edad no le llaman la atención, lo cual es normal en este momento. Su mundo lo constituyen los adultos. Sin embargo, cuando ve a niños de 6 u 8 años, ella se desborda. Se emociona, más si los ve correr, les busca la mirada, quiere llamar su atención. Algo similar ocurre cuando ve a viejos. No viejas, viejos que bien pudieran ser sus “abuelitos”. A ellos sí les sonríe. Los saluda.
Desde muy pequeña, unos 5 meses, comenzó a “bailar”. Nomás pudo sentarse con soltura y su cuerpo se movía con cualquier ritmo. Desde el sonar del celular, el pianito, los ruidos de la calle, todo la hacia mover la cabeza e inclinar su cuerpo al mismo ritmo. Prácticamente desde los 8 o 9 meses se pone en pie. Nos comenzó a sorprender por las mañanas, muy agarradita del corral. Fue perfeccionando su “estar de pie” casi al mismo tiempo que su gateo. Recorrer la casa en cuatro puntos le hacía sonreír. No fue una niña de llanto nocturno. De hecho difícilmente despierta llorando, por el contrario, antes de cumplir el año era muy común que nos despertara con una sonrisa. Es una niña noble. No se queja a menos de que algo realmente le moleste. En los últimos tiempos se enoja cuando algo no le sale. Supongo que es algo de frustración. Si quiere tapar un recipiente y la tapa le juega una mala pasada, se enoja. Quiere abrir algo y su habilidad aún no se lo permite, se molesta. Y lo manifiesta con gruñidos y uno que otro grito. Pero no lo abandona, en ese sentido es tenaz y persistente. Puede llevarle un rato y cada vez que no puede, se molesta pero no lo deja. Cuando siente que  ha intentado suficiente sin obtener los resultados deseados, entonces busca ayuda. Es determinada. También es conciente de sus logros, los reconoce y  los aplaude. Literalmente se aplaude cada vez que logra algo. Como todos los peques de esa edad, disfruta lanzar al suelo cuanta cosa llega a sus manos. A escondidas se lleva el papel a la boca, pero sabe que no lo debe hacer, cuando logro verla y levanto mi dedo índice para decir no, ella disimula y hace como si no supiera de qué se trata. Es increíblemente inteligente.
Llegó al año de edad y comenzó a hacer cosas por imitación. Ve y escucha la canción del “gallito amarillito” e inmediatamente pone su dedo índice sobre la palma de su mano. Ve un labial, lo destapa y se lo lleva a la boca. Sin mucha orientación previa, tomó la cuchara y logró comer con ella. Claro dos o tres cucharadas y luego se pone a jugar. Entonces entra la mano de mamá o papá para orientar la cuchara hasta la boca. Es independiente y autónoma. Quiere comer por sí misma, le encanta tomar el alimento con las manos. Lo aplasta, lo exprime, lo prueba, lo escupe, lo vuelve a tomar, lo traga, lo avienta. Al final, la comida queda por todos lados, incluido su estomago.
La comida ha sido un asunto complicado. El problema inició cuando regresé al trabajo. Simplemente se negó a comer, tenía casi cinco meses. Luego, cuando casi se regularizaba, entró a la guardería. Nuevamente, se negó a comer. Los cambios de ese tipo no le sentaron bien. Tardó un poco en acostumbrarse y adaptarse a su nueva realidad. Como pasaron unos meses y no ganaba peso, acudimos con el especialista. Al parecer tiene un ligero desajuste en su metabolismo. Lo cual no sólo le inhibía el apetito sino que le impedía a su cuerpo retener los nutrientes necesarios para su crecimiento. Sin saber lo anterior, obligamos a Yoli a comer. Le insistíamos hasta el hartazgo. Nos sentíamos tensos y preocupados. La hora de la comida se convirtió en un martirio para todos y todo por la presión que nos generaba su bajo peso. Y porqué no decirlo, la presión de los demás. Luego leímos Mi hijo no me come de Carlos González, sentimos alivio y decidimos no obligarla más. Dejar que coma lo que quiera y necesite. No más presión. Su cuerpo es sabio y sabe lo que requiere. Yoli, inteligente, había desplegado varias estrategias para negarse a comer, desde decir simplemente no con la cabeza, meter las manos, cerrar la boca, voltearse, hasta sacar la comida. Las señales eran claras, pero la angustia de los padres no les permitía hacer caso y dejar de insistir. Nuestra actitud como adultos cambió. La de ella también. Ya no se niega a comer de manera rotunda. Le ofrecemos la comida y toma lo que le apetece. En general, creo que todos hacemos eso, no se porqué los adultos nos aferramos a que los niños hagan cosas que nosotros no estamos dispuestos a hacer. 
Ya identifica varias partes de su cuerpo, aunque la única que señala con singular alegría es la nariz, ayuda a ponerse y quitarse la ropa. Señala su oreja cuando escucha a lo lejos algún ruido como un helicóptero, una ambulancia o un perro. De hecho ya dice “guau” cada vez que ve alguno, ya sea real o de peluche. También ofrece la mano para saludar en cuanto escucha “Pin Pon dame la mano con un fuerte apretón…”. Abre la boca como jadeando cuando quiere agua. Se mira al espejo con atención, se sonríe y si provocamos un cambio en su aspecto, se queda como petrificada analizando el cambio. Marca su territorio, quita mi mano si acaso le estorba. Es obediente. Imita el cepillado de dientes y de cabello. Habla con sus manos haciendo diferentes tipos de voz, como si fueran personajes. Apenas ayer comenzó a torcer los ojos cada vez que se lo solicitas. Se ve tan curiosa. Pestañea pero luego los voltea. Parece que disfruta de su nueva habilidad. Le encanta experimentar su cuerpo. Desde que se soltó a caminar ensaya su equilibrio, primero con las manos arriba como si fuera un monstruo tratando de sorprender a alguien. Luego las baja y deja fijas junto a su cuerpo meneándose con ritmo como si dijera “esto es lo más sencillo del mundo”. Ya cuando siente dominada la situación las mueve como si aleteara.

            En los últimos días, expresa su molestia poniéndose muy seria. Su expresión cambia radicalmente, parece una persona mayor. Pero si le sonríes, inmediatamente cambia su carita. Supongo que es parte de sus ensayos. También ha comenzado a lanzar manazos, lo cual me parece extraño pues ni su papá ni yo lo hacemos. No quiero pensar que en la guardería lo hacen. Tal vez algún compañerito se expresa de esa manera, ya la han mordido dos veces. O quizá, solo lo hace para decir “estoy molesta”. Como sea, le hemos insistido en que eso no se hace. Veremos como reacciona. 
Febrero 

jueves, 17 de septiembre de 2015

El imperio de la rata de California


En los últimos años, quizá veinte, más de media humanidad se viste con ropa estampada con leyendas, logos y dibujos. A veces porque no hay más y son las prendas de desecho del primer mundo que gotean al tercero; pero muchas veces por un gusto bien fincado en las imposiciones culturales que dejan caer del primer al tercer mundo. 

Un personaje icónico de la cultura imperial es la pareja compuesta por el ratón Miguelito y su novia o esposa. Desde su aparición, no podemos decir que alguna vez haya dejado de estar de moda, sin embargo la ubicuidad de esta pareja en la ropa de bebés, hoy día, es abrumadora. Es difícil que la ropa de criaturas no tenga estampados de monitos de la película de Disneylandia del momento. Y a veces parece que dos de cada tres estampados son de la pareja fundadora del imperio cultural comercial que actualmente goza de una época dorada de la que los mismos dueños se han de maravillar. Por ejemplo, monos de Marvel, de star wars  y de varias caricaturas que no eran Disney ni seguían su apetetada, anodina y moralina línea discursiva de todo es rosa y bello, hoy le pertenecen al imperio de Disney.

Para las niñas, la monarquía que representan las rubias, esbeltas, angélicas y etéreas princesitas respingadas ametralla casi cada cosa que potencialmente puede tocar o llamarle la atención a una niña. Desde un pañal o una bacinica hasta un celular o un estuche de maquillaje. Y no es raro que esas princesitas disney estén en accesorios y ropa de niñas de 26 o 43 años.
La rata manda, viste y calza a la infancia en el planeta. Y seguro más en los países pobres, donde descarga el retrete de los pent house imperialistas.

domingo, 30 de agosto de 2015

La prisa por que les crezca todo

Es curioso observar las ansias que les provocan a algunas personas que las partes de las criaturas crezcan a la brevedad. Muchos bebés nacen pelones o con pelo ralo, casi una capa ligera de pelusa. Otros llegan muy tupidos. Desde los dos o tres meses ya les quieren meter tijera para reproducir una práctica que no ha probado plenamente tener resultados efectivos: rapar para que "le salga harto y bien bonito".
El pelo de bebé tiene sus ritmos, su propio cuerpo y forma. Hay una comezón por igualarlo a la brevedad al de los adultos o "mejorarlo", tomando como referencia el bebé de alguien conocido o tal vez el de algún comercial.

¿De qué color son sus ojos?

Un tema que me pareció recurrente y extraño en torno a un nuevo bebé en casa fue el del color de los ojos. Casi toda la población nacional tenemos ojos cafés oscuros. ¿Por qué insistir en que la nueva criatura los tendrá azules, verdes o "aunque sea grises"?
Se rascan la nuca buscando un abuelito, una tía, un hermano de un padrino o lo que sea que esté emparentado y por lo que más quiera haga la gracia de derramar algo de su melanina de color claro en el iris del recién llegado.
Si uno dice que hay que recordar que el color se estabiliza hacia la semana número... Ya no lo dejan a uno acabar de explicar y seguir de pesado aguafiestas. "Ay, oyes! ¡Qué tal que se le quedan así como grisecitos! ¿A poco no te daría harto gusto?"
Persiste un velado racismo disfrazado de inocente aspiracionismo al llamado "mejoramiento de la raza", otro sobado disfraz, que quiere ser jocoso, para el negado racismo interno que vive entre nosotros.

viernes, 3 de julio de 2015

Lactancia y trabajo

Estoy por cumplir un mes de mi regreso al trabajo. Los primeros días fueron realmente difíciles para los tres. Yo extrañándolos como loca, mi esposo desesperado porque la niña no comía y ella desconcertada al no entender mi ausencia. Según la Organización Mundial de la Salud la lactancia materna debe ser exclusiva los primeros seis meses y recomendada por lo menos los primeros dos años de vida. Sin embargo, en México las mujeres que trabajan y que están registradas en el Seguro Social, sólo tienen 42 días para estar con sus recién nacidos. Las que están fuera de ese registro, quedan a expensas de la voluntad del patrón. Después de esos 42 días se enfrentan a jornadas de cuando menos ocho horas, más otras tres o cuatro de trayecto, lo que significa 12 horas de separación entre las madres y sus bebés. A este panorama nada alentador, le sumamos que las empresas no cuentan con espacios limpios y privados donde las mujeres, que así lo decidan, puedan sacarse la leche para alimentar, a la distancia, a los recién llegados. Esto, definitivamente hace muy dificil la lactancia. Hacer algo para que estas condiciones adversas disminuyan hasta desaparecer, es tarea de todos. Aún queda mucho camino por recorrer para que las mujeres puedan alimentar a sus bebés sin tantas complicaciones. La consigna es: Menos festejos del día de la madre y más facilidades para ejercer la lactancia humana.

domingo, 28 de junio de 2015

El agua I

El asunto del agua es otro tema en la crianza en el que uno no sabe si atender a la OMS y sus recomendaciones, que se supone que un sustento llevan,  o a la tradición (que tampoco puede desdeñarse tan fácilmente). Casi desde los primeros días, que dale un tecito, que unas oncitas de agua tibia, que ya está más grande, dale agua en algunas tomas y así. Cuando la OMS y algunos pediatras afirman que en la leche materna, especialmente, está toda la hidratación que ocupa la cría.  De hecho los tés los proscriben, pues si son de bolsa, que son los que casi todos tenemos a la mano, tienen cafeína. Y algunos de yerba natural aportan menos hidratación de la que se cree. No es fácil oponerse a la tradición, porque tampoco es que la niña se va a desmayar por tomar té o agua, pero cada vez son más los argumentos que los consideran innecesarios en la ingesta del bebé de meses. Y desoír a la tradición a veces enfrenta y hace quedar como terco.



El agua II

Hace tiempo que las empresas embotelladoras de agua se asentaron con éxito en casi todo el mundo. Aunque a veces en sus países de origen no sean tan populares o necesarias, porque ahí la gente 
simplemente abre la llave, pone el vaso y toma. Y es un asunto de principio: si pago impuestazos por el sistema hidráulico, ¿por qué voy a pagar por una botella de agua simple?

Tomar directo de la llave por acá (en el DF) es kamikaze; irse hasta la otra punta es comprar “agua para bebé”. Agua, dice la etiqueta,  especialmente equilibrada para las especiales necesidades de tu especial bebé. ¿Será? Porque agua potable, hervida, filtrada, ha de ser suficiente. El asunto de las sales en el agua es uno de los grandes aciertos de la publicidad de las últimas décadas. Insertar la idea de que menos sales es mejor, se ha vendido muy bien. Gente exquisita pide cierta marca porque es baja en sales, pero cuando pone cualquier alimento en su plato, ni aun lo ha probado cuando ya le está agitando el salero encima. Y ya hay agua para niños que van al preescolar, y creo que para niños y para niñas. A lo mejor van a sacar para niños de 10, agua para niños que reprueban, para los que van en la escolta…y así.


jueves, 25 de junio de 2015

Pañales lavables de reuso

¿Lavar pañales se quedó en el pasado? Sí y no. Con estos pañales, en 6 meses hemos comprado menos de 5 paquetes de desechables. Alternamos: a lo largo del día, uno o dos desechables, a lo más, y el resto lo cubren estos reusables.

Pros:
-Un paquete de 40 desechables puede durar un mes.
-La bolsa de la basura no crece rápido.
-Disminuye el impacto ambiental.
-En los calores hace de calzoncito.
-Se ajusta conforme crece, casi hasta los dos años.

Contras:
-Dependiendo de las dimensiones de la criatura, a veces aprieta un poco las piernas.
-A veces se sale un poco de chis, nada grave.
-Cuando empieza a sentarse puede inhibir la locomoción un poco, pero conforme crece se ajusta.

En la foto se ve el pañal en anverso y reverso, las bandas absorbentes que van por dentro y el papel de arroz lavable que recibe la caca.




Alimentacion infantil


A partir del principio de que uno come lo que le gusta, este pediatra sugiere lo mismo para las criaturas, algo que a veces parece fuera de lo normal.
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GLP