domingo, 30 de agosto de 2015

La prisa por que les crezca todo

Es curioso observar las ansias que les provocan a algunas personas que las partes de las criaturas crezcan a la brevedad. Muchos bebés nacen pelones o con pelo ralo, casi una capa ligera de pelusa. Otros llegan muy tupidos. Desde los dos o tres meses ya les quieren meter tijera para reproducir una práctica que no ha probado plenamente tener resultados efectivos: rapar para que "le salga harto y bien bonito".
El pelo de bebé tiene sus ritmos, su propio cuerpo y forma. Hay una comezón por igualarlo a la brevedad al de los adultos o "mejorarlo", tomando como referencia el bebé de alguien conocido o tal vez el de algún comercial.

¿De qué color son sus ojos?

Un tema que me pareció recurrente y extraño en torno a un nuevo bebé en casa fue el del color de los ojos. Casi toda la población nacional tenemos ojos cafés oscuros. ¿Por qué insistir en que la nueva criatura los tendrá azules, verdes o "aunque sea grises"?
Se rascan la nuca buscando un abuelito, una tía, un hermano de un padrino o lo que sea que esté emparentado y por lo que más quiera haga la gracia de derramar algo de su melanina de color claro en el iris del recién llegado.
Si uno dice que hay que recordar que el color se estabiliza hacia la semana número... Ya no lo dejan a uno acabar de explicar y seguir de pesado aguafiestas. "Ay, oyes! ¡Qué tal que se le quedan así como grisecitos! ¿A poco no te daría harto gusto?"
Persiste un velado racismo disfrazado de inocente aspiracionismo al llamado "mejoramiento de la raza", otro sobado disfraz, que quiere ser jocoso, para el negado racismo interno que vive entre nosotros.