Hace tiempo que las empresas embotelladoras de agua se
asentaron con éxito en casi todo el mundo. Aunque a veces en sus países de
origen no sean tan populares o necesarias, porque ahí la gente
simplemente abre
la llave, pone el vaso y toma. Y es un asunto de principio: si pago impuestazos por el sistema hidráulico, ¿por qué voy a pagar por una botella de agua simple?
Tomar directo de la llave por acá (en el DF) es kamikaze; irse hasta la
otra punta es comprar “agua para bebé”. Agua, dice la etiqueta, especialmente equilibrada para las especiales necesidades
de tu especial bebé. ¿Será? Porque agua potable, hervida, filtrada, ha de ser
suficiente. El asunto de las sales en el agua es uno de los grandes aciertos de
la publicidad de las últimas décadas. Insertar la idea de que menos sales es
mejor, se ha vendido muy bien. Gente exquisita pide cierta marca porque es baja
en sales, pero cuando pone cualquier alimento en su plato, ni aun lo ha probado
cuando ya le está agitando el salero encima. Y ya hay agua para niños que van
al preescolar, y creo que para niños y para niñas. A lo mejor van a sacar para
niños de 10, agua para niños que reprueban, para los que van en la escolta…y
así.
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