En los últimos años, quizá veinte, más de media humanidad se viste con ropa estampada con leyendas, logos y dibujos. A veces porque no hay más y son las prendas de desecho del primer mundo que gotean al tercero; pero muchas veces por un gusto bien fincado en las imposiciones culturales que dejan caer del primer al tercer mundo.
Un personaje icónico de la cultura imperial es la pareja compuesta por el ratón Miguelito y su novia o esposa. Desde su aparición, no podemos decir que alguna vez haya dejado de estar de moda, sin embargo la ubicuidad de esta pareja en la ropa de bebés, hoy día, es abrumadora. Es difícil que la ropa de criaturas no tenga estampados de monitos de la película de Disneylandia del momento. Y a veces parece que dos de cada tres estampados son de la pareja fundadora del imperio cultural comercial que actualmente goza de una época dorada de la que los mismos dueños se han de maravillar. Por ejemplo, monos de Marvel, de star wars y de varias caricaturas que no eran Disney ni seguían su apetetada, anodina y moralina línea discursiva de todo es rosa y bello, hoy le pertenecen al imperio de Disney.
Para las niñas, la monarquía que representan las rubias, esbeltas, angélicas y etéreas princesitas respingadas ametralla casi cada cosa que potencialmente puede tocar o llamarle la atención a una niña. Desde un pañal o una bacinica hasta un celular o un estuche de maquillaje. Y no es raro que esas princesitas disney estén en accesorios y ropa de niñas de 26 o 43 años.
La rata manda, viste y calza a la infancia en el planeta. Y seguro más en los países pobres, donde descarga el retrete de los pent house imperialistas.
