Es curioso observar las ansias que les provocan a
algunas personas que las partes de las criaturas crezcan a la brevedad.
Muchos bebés nacen pelones o con pelo ralo, casi una capa ligera de
pelusa. Otros llegan muy tupidos. Desde los dos o tres meses ya les
quieren meter tijera para reproducir una práctica que no ha probado
plenamente tener resultados efectivos: rapar para que "le salga harto y
bien bonito".
El pelo de bebé tiene sus ritmos, su propio cuerpo y forma. Hay una
comezón por igualarlo a la brevedad al de los adultos o "mejorarlo",
tomando como referencia el bebé de alguien conocido o tal vez el de
algún comercial.

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